La Infalibilidad Papal: Una Doctrina Tardía y sin sustento

 



La infalibilidad papal, definida formalmente en el Concilio Vaticano I (1869-1870), afirma que el Papa, cuando habla ex cathedra en materias de fe y moral, está preservado del error por asistencia divina. Sin embargo, esta doctrina ha sido objeto de intenso debate, ya que numerosos historiadores, teólogos y fuentes patrísticas la consideran un desarrollo tardío, no una verdad explícitamente sostenida por la Iglesia primitiva.

El Desarrollo Histórico: Una Doctrina Novedosa

El historiador católico romano Brian Tierney, en su obra Orígenes de la infalibilidad papal (p. 273), señala:

"Pero es muy difícil para un historiador ver la aparición de la doctrina de la infalibilidad papal como el lento despliegue de una verdad que la iglesia siempre ha sostenido. Él ve en cambio la creación bastante repentina —por razones complejas pero históricamente inteligible— de una doctrina novedosa a finales del siglo XIII".

Tierney ubica su origen en el período medieval tardío (siglos XIII-XIV), influido por disputas canónicas y la creciente centralización del poder papal, no en la tradición apostólica ni en los Padres de la Iglesia.

Admisiones Históricas de Falibilidad Papal

Incluso papas han reconocido la posibilidad de error en su persona. El Papa Adriano VI (1522-1523) declaró:

"Si bajo la Iglesia Romana se entiende su cabeza, el Papa, es seguro que puede errar, incluso en lo que se relaciona con la fe" (Quaest. en IV Sent., citado en Karl Von Hase, Manual de la controversia con Roma, Vol. 1, p. 271).

San Jerónimo minimizó la primacía absoluta de Roma:

"Tampoco debemos pensar que hay una sola Iglesia de la ciudad romana y otra de todo el mundo [...] Dondequiera que haya un obispo, ya sea en Roma, Eugubio, Constantinopla, Regio, Alejandría o Tanis, es del mismo mérito y del mismo sacerdocio" (Carta 146, citado en John Harvey Treat, La fe católica, p. 426-427).

El Papa Zósimo (417-418) afirmó:

"Ni siquiera la autoridad de la sede [de Roma] puede conceder o alterar nada contrario a los decretos de los Padres" (Ep. ad Bishop. Viena. et Narbon., citado en Richard Littledale, Razones Claras Contra la Adhesión a la Iglesia de Roma, p. 214).

Casos Históricos de Papas Acusados de Herejía o Error

La historia de la Iglesia registra múltiples casos en los que papas incurrieron en errores doctrinales graves, vacilaron en cuestiones de fe o fueron condenados por concilios ecuménicos. Estos ejemplos ilustran que, en la práctica, los papas no siempre fueron vistos como infalibles, incluso en materias de fe.

  • Honorio I (625-638): En cartas al patriarca Sergio de Constantinopla, promovió la fórmula de "una sola voluntad" en Cristo, facilitando la herejía monotelita. El III Concilio de Constantinopla (680-681), ecuménico y aprobado por papas posteriores (incluyendo León II), lo condenó póstumamente como hereje y lo anatematizó junto a los líderes monotelitas por negligencia grave y por permitir la propagación del error.
  • Liberio (352-366): Bajo presión del emperador arriano Constancio II, fue exiliado y suscribió una fórmula de fe semi-arriana ambigua que omitía el término "homoousios" (de la misma sustancia), y condenó temporalmente a San Atanasio, defensor de la ortodoxia nicena.
  • Vigilio (537-555): En la controversia de los Tres Capítulos (textos nestorianos condenados), cambió de posición repetidamente bajo presión del emperador Justiniano: primero los defendió, luego los condenó, después emitió un documento retractándose y finalmente aceptó su condena en el II Concilio de Constantinopla (553).
  • Zósimo (417-418): Inicialmente exoneró a Pelagio y Celestio, declarando ortodoxos sus escritos y revocando la condena previa del papa Inocencio I y los obispos africanos. Tras presión de San Agustín y el Concilio de Cartago, revirtió su decisión y condenó el pelagianismo.
  • Juan XXII (1316-1334): En sermones, enseñó que las almas de los justos no disfrutan de la visión beatífica plena hasta después del Juicio Final. Esta posición fue atacada por teólogos como herejía; el papa permitió el debate libre y se retractó formalmente en su lecho de muerte.
  • Sixto V (1585-1590): Publicó una edición revisada de la Vulgata Latina llena de errores textuales, declarándola auténtica e inalterable bajo pena de excomunión. Murió poco después, y su sucesor Clemente VIII la corrigió y reemplazó en 1592.

Estos casos, documentados en concilios ecuménicos, cartas papales y crónicas históricas, muestran que los papas han cometido errores significativos en cuestiones doctrinales, incluso cuando intentaban enseñar con autoridad.

San Agustín de Hipona: Solo Dios es Infalible

San Agustín de Hipona (354-430), Doctor de la Iglesia y una de las autoridades teológicas más respetadas tanto en Oriente como en Occidente, enfatizó repetidamente que la infalibilidad pertenece exclusivamente a Dios. En sus Enarrationes in Psalmos (Exposiciones sobre los Salmos), al comentar el Salmo 89, escribió:

"Solo Dios jura con seguridad, porque solo Él es infalible" (Solus Deus secure iurat, quia solus infallibilis est).

Agustín explica que los seres humanos no pueden jurar con absoluta certeza porque pueden equivocarse o engañar, mientras que Dios, al jurar por sí mismo, lo hace con seguridad infalible. Esta afirmación subraya que ningún ser humano —ni obispo, ni concilio, ni papa— posee infalibilidad inherente. Agustín siempre subordinó toda autoridad eclesial a la Sagrada Escritura como norma infalible y corrigió sus propios errores en sus Retractaciones.

La Perspectiva Bíblica

La Sagrada Escritura no enseña la infalibilidad papal ni de ningún sucesor de Pedro. Al contrario, presenta a Pedro como falible:

  • Negó tres veces a Jesús (Mt 26:69-75; Mc 14:66-72; Lc 22:54-62).
  • En Antioquía, actuó con hipocresía, y Pablo lo reprendió públicamente: "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar" (Gál 2:11-14).

En el Concilio de Jerusalén (Hch 15), Pedro habla, pero es Santiago quien formula la decisión final. La autoridad suprema reside en Cristo (Mt 28:18) y en su Palabra inspirada: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia" (2 Tim 3:16-17).

Conclusión

La infalibilidad papal, tal como se define en el Vaticano I, es un desarrollo doctrinal tardío que carece de apoyo claro en la Iglesia primitiva, los Padres y la Escritura. Fuentes históricas, admisiones papales, casos documentados de errores graves (incluyendo condenas conciliares) y la enseñanza explícita de San Agustín —quien limita la infalibilidad a Dios solo— invitan a una reflexión crítica. Para muchos cristianos, la única infalibilidad plena reside en Dios y en su Palabra revelada.

La Infalibilidad Papal: Una Doctrina Tardía y sin sustento La Infalibilidad Papal: Una Doctrina Tardía y sin sustento Reviewed by Eder Marín on 23:16:00 Rating: 5
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